¿POR QUÉ UN TALLER DE POESÍA?

Es corriente de opinión en nuestros días, la idea de que el escritor nace escritor, que en su información genética figura la capacidad o habilidad para el ejercicio de esa actividad. Del mismo modo, no se pone en cuestión la musa, la inspiración divina que, caprichosamente, elige a algunos (muy pocos) para depositar su arte, su maestría inalcanzable.

Ambas ideas limitan peligrosamente el ejercicio mayoritario del derecho de todo humano a una forma de expresión tan “natural” como el habla. Es decir, todo ser humano lleva dentro un escritor, y tiene derecho a desarrollarlo.

Ante ello, el sujeto de a pie (todos lo somos frente a LA ESCRITURA) es el primer y más duro censor de esas líneas, tímidas, secretas, que inevitablemente necesitó escribir en algún momento.

“Es una tontería”, “son muy malos” o “escribo para mí” son respuestas usuales, aprendidas sin rebelión y hasta parecería que queda bien pronunciarlas.

Bajo esta aparente modestia se oculta una negación de la idea de trabajo, con su materia prima, su elaboración y su producto final. Pensar la escritura como trabajo permite romper los moldes clásicos de tener o no tener, ser o no ser, desde el principio.

En esa dirección, el taller de escritura posibilita la producción de materiales impensables para el sujeto aislado. Es entre otros donde se mueve el deseo, donde los escritos pasan de ser objetos despreciados a creaciones grupales y, por tanto, sociales.

El taller produce subjetividades, posibilidades de creación desconocidas para el sujeto. Cada uno obtendrá lo que sea capaz de producir, en la medida en que trabajó para ello en el grupo.

Para todo aquel que ya escriba o quiera iniciarse en la escritura, con especial énfasis en la POESÍA. Para gente que escriba cuentos, guiones, etc. y esté interesada en explorar un nuevo lenguaje. La poesía permite múltiples combinaciones, lo que resulta una experiencia enriquecedora y amena también para cuentistas y novelistas y para todo aquel que tenga alguna relación con la palabra.

Carmen Salamanca Gallego
Coordinadora